Cuando matar “menos” se presume como logro

Cuando matar “menos” se presume como logro

Hoy es martes 23 de diciembre, y la violencia en la capital del estado sigue marcando la agenda pública, aunque los discursos oficiales insistan en vender una realidad maquillada por estadísticas. Se presume una disminución en los delitos de alto impacto, como si el objetivo razonable no fuera cero homicidios, sino simplemente “no tantos”. En este país nos han enseñado a normalizar lo inaceptable: tres asesinatos diarios ya se consideran una cifra “manejable”.

Peor aún, desde el poder parece asumirse que la ciudadanía debería sentirse agradecida porque no son cuatro muertos al día. Como si la vida humana comenzara a tener valor sólo al rebasar cierto umbral estadístico. Esa lógica es no sólo perversa, sino peligrosa. La violencia no se mide en promedios; se mide en vidas truncadas.

Resulta especialmente alarmante que estos hechos ocurran incluso en zonas catalogadas como “seguras”, como el Distrito 1, espacio donde se concentran intereses económicos, políticos y empresariales. Si ahí la violencia irrumpe sin pudor, ¿qué puede esperar el resto de la ciudad? La inseguridad ya no distingue colonias ni apellidos.

Hace apenas unos días advertí en este mismo espacio sobre la brecha entre la percepción ciudadana y las cifras optimistas difundidas por los gobiernos estatal, municipal y federal. Hoy, los hechos confirman ese diagnóstico. No estamos seguros.

El fin de semana reciente fue el más violento en la capital, y de acuerdo con recuentos periodísticos, Chihuahua encabezó durante cuatro días la lista de entidades más violentas del país en lo que va del mes. En los primeros 21 días de diciembre, el promedio superó los tres homicidios diarios; sólo el 4 y el 6 no se registraron asesinatos. En contraste, en un solo fin de semana —tres días— se reportaron al menos 19 homicidios, cifra que igualó a Sinaloa, según la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC).

Parecen lejanos, casi míticos, aquellos tiempos en que un homicidio sacudía la conciencia colectiva y generaba indignación genuina. Hoy, la repetición de la violencia, combinada con la incompetencia —y en ocasiones la sospechosa complacencia— de las autoridades frente al crimen (como denunciaron mismos presuntos criminales en grafiti este domingo pasado), nos ha vuelto insensibles. Tan insensibles que incluso desde el gobierno se presume, con cierto orgullo, que el promedio diario “no llega a cuatro”.

Esa es la verdadera derrota: no sólo contar muertos, sino acostumbrarnos a ellos.