
OJALÁ QUE NO QUEDE SOLO EN BUENAS INTENCIONES O en una repisa polvorienta, eso sí con carpeta bonita…porque ayer en Delicias se hizo la entrega formal de la “Agenda de atención a niñas, niños y adolescentes”, derivada de la Consulta Infantil y Juvenil 2024. ¿Si la recuerda?, esa donde los menores hablaron claro sobre lo que viven, lo que les preocupa y lo que esperan de los adultos que toman decisiones.
El acto fue encabezado por el doctor Héctor Joaquín Bolio Ortiz, vocal de Capacitación Electoral y Educación Cívica de la 05 Junta Distrital del INE en Chihuahua. Documento en mano, mensaje institucional y llamado a que lo expresado en la consulta no se archive en la categoría de “ejercicio participativo cumplido”.
De acuerdo a la publicación en redes sociales del INE Delicias, la entrega se realizó ante autoridades, organizaciones civiles e instituciones educativas como las primarias Melchor Ocampo, Jesús Clemente Orozco, José Reyes Baeza y la Secundaria 3014. Planteles que no son ajenos a los retos cotidianos: convivencia escolar, entornos digitales, violencia, inclusión y participación.
El objetivo de la agenda suena correcto y necesario: dar seguimiento, difundir y fortalecer acciones orientadas a promover y garantizar los derechos de niñas, niños y adolescentes, dentro del ámbito de competencia de cada institución. Es decir, convertir las opiniones recogidas en la consulta en políticas, programas o ajustes concretos.
Y ahí está el verdadero examen.
Porque consultar a la niñez es un paso importante, pero no suficiente. La participación cobra sentido cuando impacta decisiones reales: protocolos escolares, programas preventivos, espacios seguros y canales efectivos de atención.
Bien, las niñas y los niños ya hicieron su parte. Opinaron, señalaron, propusieron.
Ahora le toca a las instituciones demostrar que no solo saben organizar consultas, sino darles seguimiento para que se atiendan.
Sin duda, la prueba real empieza ahora, cuando cada escuela, cada autoridad y cada organismo decidan si esas voces infantiles será escuchada… o simplemente contabilizadas.
LLÁMELE COINCIDENCIA… o simple estadística que empieza a incomodar, pero el número de incendios en viviendas en lo que va del año ya suma once. Once hogares que, en cuestión de minutos, vieron humo donde antes había rutina.
La buena noticia —si es que se puede hablar en esos términos— es que no hay personas lesionadas ni pérdidas humanas que lamentar. Hasta ahora, el saldo es material. Y eso, en este tipo de casos, ya es ganancia.
Lo que sí enciende focos rojos es el común denominador: instalaciones eléctricas defectuosas. Cables improvisados, sobrecargas, extensiones eternas, conexiones “temporales” que terminan volviéndose permanentes. La vieja confianza de que “así ha estado siempre y nunca ha pasado nada”… hasta que, efectivamente, pasa.
No es un fenómeno aislado ni exclusivo de una colonia. Es una combinación de crecimiento urbano, ampliaciones sin supervisión técnica y la costumbre de resolver lo urgente sin pensar en lo estructural. Porque renovar una instalación eléctrica no luce, no se presume… pero previene.
Aquí la autoridad tiene tarea en prevención y supervisión, pero también la ciudadanía en revisión y mantenimiento. La electricidad no avisa cuando va a fallar.
Ojo con el dato… antes de que el dato se convierta en tragedia.