
A 34 años de su inauguración, el Teatro de la Ciudad se mantiene como uno de los espacios culturales más emblemáticos de Delicias y como parte de un conjunto de obras de infraestructura que marcaron una etapa de modernización para el municipio a principios de la década de los noventa.
El recinto fue inaugurado el 26 de junio de 1992 por el entonces presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, durante una gira de trabajo que incluyó también la entrega de diversas obras públicas ejecutadas en la ciudad.
Entre los proyectos inaugurados ese día destacaron la pavimentación de la avenida Manuel Gómez Morín —antes Solidaridad—, el acondicionamiento del Parque Fundadores, la construcción de la ciclopista y otras vialidades que contribuyeron al crecimiento urbano de Delicias.
La ceremonia oficial se desarrolló entre las 17:00 y las 21:00 horas, con la presencia de autoridades de los tres órdenes de gobierno, encabezadas por la entonces alcaldesa Gloria Arellano de Cervantes y el gobernador Fernando Baeza Meléndez.
Alejandro Azúa, quien ha permanecido vinculado al Teatro de la Ciudad desde su apertura, recordó que la inauguración estuvo acompañada por un concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por el maestro Moisés Ordaz.
“Con aquella presentación se hizo realidad el sueño de los delicienses de contar con un recinto de primer nivel, equipado con tecnología de vanguardia para su época en materia de tramoya, sonido e iluminación”, recordó.
La construcción del teatro estuvo a cargo de la empresa Arcadia y su diseño se inspiró en las cortinas de la presa Francisco I. Madero, conocida como Las Vírgenes.
A más de tres décadas de distancia, el inmueble continúa siendo sede de actividades culturales, artísticas y académicas de la región.
Uno de los aspectos más recordados de su construcción fue la participación ciudadana.
El 14 de febrero de 1991 se realizó una colecta pública que permitió reunir alrededor de un millón y medio de pesos para concluir la obra. La campaña fue transmitida por Radio Amistad, de Grupo ACIR, bajo la gerencia de Jaime Narváez García, y contó con aportaciones de escuelas, agricultores, clubes de servicio, sindicatos y diversos sectores de la sociedad.
La visita presidencial concluyó al día siguiente con la colocación de la primera piedra de un proyecto carretero hacia la presa Villalba, obra que finalmente no se concretó.
Durante esa gira también se abordó el proyecto de una cervecera para Meoqui, iniciativa que años más tarde se materializó y que actualmente representa una de las inversiones industriales más importantes de la región.