Memorias de un mojado 3: La Chavela



Llegue a ciudad delicias en el verano del 2023 despues de mas de treinta años; no era mediodia todavía y hacia mucho calor. No queria llegara mi pueblo las varas tan temprano y me fui al mercado juarez a comer algo: disfrute de un cocido de res como hacia decadas no lo hacia. Después me fui a la cantina el algodonero a beber unas cervezas tratando de hacer el mayor tiempo posible para llegar de noche al pueblo. Subi al ultimo camion que salia para saucillo, los permisionarios talamantes que todavía daban servicio, se paraban donde mismo y tenian el mismo color que cuando yo abandone la region para irme al “chuco”. El camion fue recorriendo lentamente su trayecto, deteniéndose a un lado de la colonia vicente guerrero, la quemada, santa fe hasta entrar despues a Orranteño y enfilar rumbo a las varas. Un nerviosismo intenso me dominaba y hacia que me doliera el estomago. Antes de llegar al poblado de las varas paso por la secundaria jaime torres bodet y recorde con nostalgia que en una de sus aulas íbamos isabel y yo a clases y desde el pupitre intercambiabamos miradas y sonrisas; fuimos la novena generacion de ese plantel escolar y nos habia tocado todavia de director el profesor Zenaido Rocha ontiveros. Cuando llego a la plaza se detuvo a un lado de la cinta asfaltica para que yo me bajara, lo hice con la cabeza cabisbaja intentando que no me conociera alguien. Esperaba encontrar, como antaño, parejas de novios en las bancas del parque pero no fue asi, en cambio note que circulaban en camionetas con la música regional a todo volume, parejas de novios. La melancolía me asalto como un fantasma aterrador y mi piel se erizo al intentar hallar algo de mi adolescencia: un eco de mi voz, algun rasgo de mi rostro aun con barros, las palabras de amor de isabel, sus besos, sus abrazos, pero no encontre nada.

Camine por la calle principal hasta la casa de mi madre que estaba a la salida del pueblo, junto al canal de riego. Abri la puerta sin llamar, mi padre habia muerto hacia ya años; mi madre estaba junto a la estufa de leña calentando café. Al oir el ruido giro su rostro y al verme me reconoció de inmediato, como si todavia fuera ese adolescente que habia abandonado el hogar hacia mas de treinta años.

Jose maria!!

grito al verme llena de emocion y con abundantes lágrimas cayendo por su rostro. Su abrazo lleno de amor me hizo olvidar los de la chavela, porque me parecieron mas puros y tiernos.

Despues de los abrazos y el llanto, de vernos por segundos interminables me sirvio café y unas piezas de pan. No hubo preguntas sobre el tiempo que estuve del otro lado ni reproche alguno.

La platica se centro en los muertos y los nuevos ricos que habia desde que yo me fui. Fueron largas horas de charla sentados a la vieja mesa de madera; inevitablemente, en cierto momento la platica giro en torno a la chavela.

Después de que ya no le contestaste las cartas todavia vino mucho tiempo por la casa y preguntaba por ti. Claro que supo que estabas encerrado y que fernando lo mataron por alla, porque los chismes corren por estos rumbos!

Me dijo mi madre y agrego:

cuando murio tu padre me sostuve con loos pocos dolares que mandabas y los inverti en hacer pan y tamales para vender!

Luego finalizo jubilosa:

y aunque no lo creas, chema,te tengo tu guardadito, porque sabia que un dia tenias que volver al terruño, asi que ahorre todo lo que pude.

Un nudo me cerraba la garganta y recordé que durante mi encierro habia aprendido a tallar en madera, a escala, autos clasicos que compraban algunos gringos ricachones e iglesias evangelicas,

Después de esa noche intente adaptarme lo mejor que pude a mi nueva vida, salia poco y era de noche, solo a comprar vino a algun expendio en donde hice trato de llevarles autos de madera para que los pusieran a la venta. Isabel supe por mi madre, esa noche que hablamos, que cansada de mi ausencia acepto casarse con un antiguo pretendiente con el que habia tenido dos hijos.

Yo comencé a ir en ciertas tardes al rio a pescar y ahi me encontre a la chavela, o ella me encontro, una tarde que los peces no mordían el anzuelo y fastidiado, lanzaba el cebo al agua.

De pronto la vi bajo la sombra del alamo en el que nos sentabamos durante nuestro noviazgo.

Cuando hablamos los dos fuimos parcos, como sie esas palabras de amor y ternura se nos hubieran acabado esa noche de nuestra despedida, lo mismo que la ternura y los gestos de enamorados.

Y como dijo el poeta: nosotros los de entonces ya no eramos los mismos.

Ella estaba muy gorda y acabada, de aquella figura esbelta y firme no que daba nada; habia parido dos hijos. Y de mi ni que decir, estaba chueco, sin los dientes inferiores y con enormes arrugas y bolsas bajo los ojos. Despues de unos minutos de mirarnos con nerviosismo, me dijo, o grito, mientras arranca hojas al alamo:

te quise muchísimo, chema y aunque despues de poco tiempo de estar alla ya no contestaste mis cartas, te seguí esperando por años hasta que me convencí que ya no existía para ti y me case. Y ahora vuelves cuando los dos estamos todos jodidos y yo tengo dos hijos!

No dijo mas, me avento algunas cartas que yo le habia escrito y que conservaba todavia. Se fue caminando por el borde del rio que estaba lleno de amapolas moradas y rosas. Y yo la llore a moco tendido como aquella vez, en que viajando de mojado en un tren de carga, miraba su retrato de niña inocente. Saque de nuevo mi cartera como aquella vez y extraje su foto pero ya estaba muy deteriorada y las palabras de amor que habia escrito en la parte de atrás se habían borrado.

FIN FIN



Fuente