*Lucha libre… y campaña disfrazada
*El frijol barato… y el productor quebrado
*La realidad incómoda vs la propaganda digital
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Ahora resulta que el luchador juarense Pagano, fue el que organizó y financió todo el espectáculo de lucha libre que se realizó en la Plaza de Armas este domingo. Aunque el luchador es de Ciudad Juárez, muy oportunamente se le ocurrió gastarse una lanota para hacer la función de lucha en el corazón de la ciudad de Chihuahua, y para colmo, tuvo la brillante idea de invitar al alcalde juarense Cruz Pérez Cuéllar, já cómo no!
Claro que dentro de toda esa cadena de casualidades que pasan desapercibidas ante los organismos electorales, le cedieron el micrófono a Pérez Cuéllar, quien portaba su chaleco de Morena y poco le faltó para pedir el voto de los chihuahuenses.
El alcalde aseguró que aunque las encuestas le favorecen a la youtuber Andrea Chávez, se siente seguro de que él será el candidato de Morena a la gubernatura de Chihuahua. No fue espectáculo, fue pasarela política con máscara.
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Hay algo profundamente injusto en el camino que recorre el frijol desde la parcela hasta la mesa, no es sólo una cuestión de mercado, es una muestra de cómo funciona o no funciona el Estado Mexicano.
Productores de Chihuahua han alzado la voz ante una realidad insostenible; venden su cosecha a precios que apenas cubren costos, mientras el consumidor paga hasta tres veces más, provocando pérdidas graves para el campo.
La denuncia hecha semanas atrás por Mario Vázquez no es menor, y es que señala un sistema que no sólo es ineficiente, sino desigual, pues el precio de garantía existe en el papel, pero no llega a todos, los mecanismos de acopio son opacos y, en los hechos discriminatorios.
Pero más allá de cifras y programas, lo que está en juego es algo más profundo, la dignidad del productor, porque cuando el gobierno falla en garantizar condiciones justas, no sólo afecta la economía rural, sino el tejido social entero. La indiferencia también cuesta. Y hoy, ese costo lo están pagando quienes siembran el alimento de México.
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La narrativa oficial volvió a chocar con la evidencia. Claudia Sheinbaum presumió un supuesto lleno total en el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, pero las propias imágenes difundidas dejaron más dudas que certezas: rostros deformes, manos irreales y detalles que no cuadran ni con la lógica ni con la fecha mostrada en pantallas. No es un error menor, es un mensaje claro: se privilegia la propaganda sobre la verificación.
El problema no es la tecnología, es el uso político de la simulación. Mientras el país enfrenta problemas reales —seguridad, economía, salud—, desde el poder se insiste en vender una percepción artificial. No es la primera vez: ya antes se han difundido versiones que terminan siendo corregidas o desmentidas después. El patrón se repite: se publica, se sostiene, y cuando la evidencia revienta, se matiza o se guarda silencio.
Aquí no está en juego una foto, está en juego la credibilidad. Porque cuando desde el gobierno se difunden contenidos dudosos para sostener logros cuestionados, el mensaje que reciben los ciudadanos es directo: creen que nadie se dará cuenta. Y ese es el verdadero fondo del asunto. No es la imagen la que falla, es la credibilidad la que se rompe.


