La primaria que perdió el rumbo


La escuela primaria Rafael Ramírez Castañeda, ubicada en la calle Agustín Melgar y Miguel Schultuzes, atraviesa la peor crisis de su historia. Desde la llegada del actual director, la matrícula se desplomó al grado de que ahora deben repartir volantes para convencer a los padres de inscribir a sus hijos. Lo que antes era un plantel solicitado, hoy es un espacio que muchos evitan.

Los testimonios son contundentes: padres de familia señalan que el director es prepotente y agresivo, al punto de insultar y golpear a quienes se atreven a reclamar. Existen denuncias formales ante Derechos Humanos, Inspección Escolar y Seech, no solo de padres, también de maestras que afirman haber sido ofendidas cuando la discusión ya no le favorece. Resultado: familias esperando terminar el ciclo para sacar a sus hijos y nuevas generaciones que simplemente no llegan.

El dinero tampoco se salva del escándalo. En el ciclo 2022-2023, el programa federal “La Escuela es Nuestra” asignó 600 mil pesos, de los cuales 60 mil “desaparecieron” sin comprobación. La versión oficial: que se perdieron las facturas. Desde entonces, el plantel quedó fuera del beneficio federal. Además, el director impuso una mesa directiva “a modo” que ya suma tres años sin transparentar cuentas. Y como si fuera poco, obligó a pagar 500 pesos por una clase de “artes” que ni está en el plan oficial ni tiene maestro.

Los daños van más allá del dinero. Desde la pandemia no hay honores a la bandera, no se canta el Himno Nacional y las guardias escolares desaparecieron porque los padres no lo respaldan. En esa primaria, lo que debería ser educación cívica y formación académica se ha convertido en un reflejo de desorden, corrupción y desprestigio.

La pregunta es inevitable: ¿cuánto tiempo más se tolerará que una escuela pública, financiada con dinero federal, esté secuestrada por los caprichos de un director?
Porque si se perdió la matrícula, se perdió la confianza… y si se perdió la confianza, ya no queda escuela, solo un cascarón.