
EL TEMA DEL CABELLO EN LAS SECUNDARIAS… que podría parecer menor, ha terminado por abrir una discusión interesante entre padres de familia, alumnos y autoridades escolares. ¿Deben los estudiantes poder ir a clases con el cabello largo o teñido, aunque el reglamento diga lo contrario?
Para algunos, la respuesta es sencilla: sí. Argumentan que el cabello es una forma de expresión personal y que los tiempos han cambiado. Señalan que mientras un estudiante cumpla con sus tareas, respete a sus maestros y mantenga buen comportamiento, el largo del cabello o su color no deberían convertirse en un problema escolar.
Del otro lado están quienes sostienen que el reglamento existe precisamente para mantener orden y criterios comunes dentro de los planteles. No se trata —dicen— de limitar la personalidad de los alumnos, sino de establecer reglas claras que ayuden a evitar conflictos o discusiones constantes.
La polémica surge porque muchos reglamentos escolares se acordaron hace años con padres de familia y directivos, bajo la idea de que la escuela es también un espacio de formación donde existen normas que todos deben respetar.
Y aquí aparece el punto de fondo.
Si cada alumno decide qué reglas seguir según su propia visión, el reglamento pierde sentido. Hoy puede ser el cabello largo o teñido; mañana podría ser el uniforme, el horario o cualquier otra disposición. Las reglas empiezan a volverse opcionales.
Nadie discute que las normas pueden revisarse o actualizarse. Eso es válido y hasta necesario. Pero lo que no parece razonable es ignorarlas mientras siguen vigentes.
Al final, hablamos de estudiantes de secundaria, menores de edad, en un espacio educativo donde el orden también forma parte del aprendizaje.
Porque si cada quien empieza a ir como quiere, el debate dejará de ser sobre el cabello. ¿Qué sucedería si un jovencito va en pantunflas o short, o disfrazado de therian?.
Lo curioso es que el plantel donde se dio la polémica era reconocida por la aplicación de reglamento sin distingos de ningún tipo.
En fin, los tiempos han cambiado. Cada quien podrá tener su opinión, pero algo elemental está pasando desapercibido, ¿dónde quedó el reglamento?.
¿O nos encaminamos a una sociedad donde será prohibido prohibir?. Ahí está el debate.
CIERTO, LAS CIFRAS de feminicidio son bajas, aunque deberían de ser nulas, sin embargo, llama la atención el índice de impunidad que existe.
De acuerdo al Observatorio Ciudadano, en Delicias, desde el 2018 al 2025, se han documentado siete hechos de esta naturaleza, de los cuales, solamente, han llegado a sentencia tres, del resto, solo se menciona que las carpetas de investigación siguen abierta, en otras palabras, no ha justicia.
Sin duda es una asignatura que como sociedad está pendiente y que debería ser atendida con prontitud. Más allá del discurso político sobre el tema, hay esas heridas que echan abajo todo lo que pueda decirse en el micrófono.
Ojalá en poco tiempo las cifras de violencia hacia la mujer disminuyan de manera considerable, aunque ahí también la sociedad debe intervenir, no solo la autoridad. La enseñanza en casa, del respeto y la responsabilidad, solo se aprende en la familia.
Así las cosas.