HILO DIARIO



LOS GRILLOS DE CAFÉ TODAVÍA SIGUEN HACIENDO CUENTAS de lo ocurrido la tarde del sábado, cuando el azar —o el destino, según quiera verlo— puso frente a frente, con apenas media hora de diferencia y a escasos 400 metros de distancia, dos proyectos políticos que aspiran a jugar fuerte rumbo al 2027. Por un lado, la Verbena de los Amigos de Cruz Pérez Cuéllar, en El Refugio. Por el otro, el Mercarreón y Feria de Servicios, del diputado Roberto Carreón, en la colonia Desarrollo Urbano. Según Google Maps, entre ambos puntos había apenas unos cuantos minutos caminando. Pocas veces la política ofrece un ejercicio tan parecido. Mismo día, prácticamente el mismo horario, colonias vecinas y un público potencial muy similar. Como dicen los que saben, fue un laboratorio electoral sin necesidad de contratar encuestadoras. Y los resultados hablaron solos. Mientras el Mercarreón reunió a más de 500 asistentes, además de decenas de niñas y niños en las actividades recreativas, la verbena guinda registró una afluencia bastante más discreta. Tanto, que fueron los propios vecinos quienes empezaron a hacer la comparación al recorrer ambos eventos. Dicen los grillos de café que una cosa es tener miles de reacciones en Facebook… y otra muy distinta llenar una calle. Porque las estructuras políticas no se arman quince días antes de una elección. Se construyen regresando a las colonias, saludando, escuchando y, sobre todo, haciendo que la gente vuelva por decisión propia. Ahora bien, nadie con dos dedos de frente puede afirmar que una elección se gana por una tarde de sábado. Falta mucho, muchísimo. Pero tampoco sería inteligente ignorar las señales que van dejando los actores políticos. Y la del sábado fue una de esas. Por cierto, en el Mercarreón estaba prevista la asistencia del regidor Mario Mata, quien finalmente no pudo acudir por cuestiones de salud, aunque parte de su equipo sí hizo acto de presencia. Pero hay otro detalle que los grillos no dejaron pasar. En esa medición informal también se enfrentaron maestro y alumno. De un lado, Eliseo Compeán, hoy cercano al proyecto de Cruz; del otro, Roberto Carreón, quien durante años fue uno de sus principales colaboradores. Y al menos en esta ocasión, dicen los enterados, el pupilo terminó llevándose el aplausómetro y la aceptación de la gente. Al tiempo.

YA SON DIEZ. Diez choques en el mismo crucero, frente al Teatro de la Ciudad, en menos de siete meses. A estas alturas ya no es una estadística. Es un expediente. En cualquier ciudad donde las decisiones se tomen con base en los datos, diez accidentes bastarían para justificar un semáforo, reductores de velocidad, señalización nueva, presencia permanente de agentes o cualquier otra medida preventiva. Aquí no. Aquí el crucero sigue funcionando bajo el viejo modelo de la selección natural vial: que el automovilista aprenda, que el peatón se cuide y que el siguiente involucrado tenga un poco más de suerte que el anterior. La Subdirección de Vialidad, encabezada por el famoso Gama Uno, Erick Rodríguez, no ha colocado un semáforo, no ha modificado la circulación, no ha reforzado la señalética y ni siquiera ha repintado el alto como se debe. Eso sí, hay que reconocerle una virtud: recibe cada nuevo reporte con una serenidad verdaderamente admirable. Los daños materiales acumulados durante el año ya rondan el millón de pesos entre vehículos, aseguradoras e infraestructura pública. Un semáforo cuesta bastante menos. Pero aquí parece que primero tiene que llegar el choque número once… para después convocar a otra mesa de análisis. Así las cosas en el crucero más famoso de Delicias. No porque sea el más bonito. Sino porque, al paso que va, terminará convirtiéndose en el más rentable… para los talleres de hojalatería.



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