
En el servicio público, una de las tareas más importantes es no perder de vista a quién nos debemos: a la gente. Por eso, más allá de una oficina o un escritorio, una parte fundamental de mi trabajo está en el territorio, recorriendo colonias, visitando familias y escuchando de frente las necesidades de nuestra comunidad.
Salir a territorio no es solo una actividad más en la agenda: Es la oportunidad de acercar información útil y de llevar soluciones donde muchas veces más se necesitan. En cada recorrido, uno de nuestros principales objetivos es que todas las personas conozcan de primera mano los programas de Bienestar que existen, quiénes pueden acceder a ellos y cuáles son los requisitos. La información clara y oportuna puede marcar una gran diferencia en la vida de una familia, y por eso buscamos que nadie se quede fuera por desconocimiento o falta de orientación.
En muchas ocasiones, además de informar, también atendemos dudas y damos acompañamiento a quienes ya son beneficiarios de algún programa. Sabemos que en el día a día pueden surgir imprevistos: Personas que extraviaron su tarjeta, adultos mayores que olvidaron su NIP, familias que no saben cómo dar seguimiento a un trámite o que enfrentan algún detalle extraordinario. En esos casos, estar cerca hace toda la diferencia. Poder escuchar, orientar y ayudar a gestionar una solución da tranquilidad y evita que las personas se sientan solas ante un problema.
Pero recorrer las colonias también nos permite conocer de primera mano el sentir de la ciudadanía. Cuando caminamos las calles, tocamos puertas y conversamos con vecinas y vecinos, no solo hablamos de programas sociales: También escuchamos sus inquietudes, preocupaciones y propuestas para mejorar su entorno. Es ahí donde salen a relucir las necesidades cotidianas que impactan directamente en la calidad de vida de las familias: La rehabilitación de un parque o una plaza, la pavimentación de una calle que por años ha sido olvidada, la colocación de un tope para proteger a niñas, niños y peatones, o la atención a espacios públicos que requieren mantenimiento. Aunque muchas de estas gestiones corresponden a otras autoridades, escuchar, canalizar y acompañar también es parte de servir.
Y en ese contacto directo con la gente hay algo que siempre vale la pena subrayar: El alcance real que tienen los programas de Bienestar en Delicias. Hoy, la inversión social que realiza la Secretaría de Bienestar en nuestro municipio, a través de pensiones, becas y programas directos, representa una inyección de recursos que supera por mucho al propio presupuesto municipal. Esto es importante decirlo porque, mientras gran parte del presupuesto municipal suele destinarse al gasto corriente y solo una parte reducida a obra pública, la inversión social directa que llega a las familias desde los programas federales tiene un impacto cotidiano, tangible y profundo. Hablamos de recursos que ayudan a las y los adultos mayores, a personas con discapacidad, a estudiantes, a mujeres y a familias enteras a tener mayor tranquilidad y mejores oportunidades.
El bienestar no se construye solo con discursos: Se construye con presencia, con escucha y con resultados. Por eso estoy convencida de que servir bien implica estar en territorio, mirar de frente las necesidades de la gente y trabajar para que los apoyos lleguen a quienes más los necesitan.
Seguiré recorriendo colonias, tocando puertas y haciendo equipo con las familias, porque el bienestar no debe quedarse en el papel ni en los anuncios: Debe sentirse en la vida diaria de las personas. Y para lograrlo, hay que estar donde verdaderamente importa: cerca de la gente.
