De San Lucas a Nuevo San Lucas



De veras que la pensé varias veces para animarme a publicar lo que a continuación quiero relatar, me motivó el 75 aniversario de la fundación de Nuevo San Lucas, comunidad histórica de nuestra región de gente muy noble y emprendedora.

Viniendo en un camión de pasajeros de Chihuahua capital a Delicias, me tocó de compañero de asiento un hombre ya entrado en años, muy platicador por cierto, que me dijo que era de San Lucas; Nuevo San Lucas le corregí yo, al menos eso creí, pero no, me aseguró él, de San Lucas.

“Bueno allá nací”, me dijo.

“Siendo yo muy chico nos mandaron a fundar Nuevo San Lucas hace más de setenta años, a mi padre y a las demás familias les dieron tierra para sembrar y para construir la casa con apoyos de gobierno”, recordó.

Se cree que San Lucas se fundó por fray Alonso de la Oliva allá por 1649, a la orilla del río San Pedro y fue un 18 de marzo de 1949, que la gente tuvo que partir al municipio de Meoqui a hacer que naciera Nuevo San Lucas, donde recibieron tierras del Ejido Meoqui y solares para fincar sus casas. Así empezó el terruño de Eduardo Nájera y de otros excelentes deportistas de diferentes disciplinas.

La razón para emigrar de San Lucas fue que al planear la presa Las Vírgenes, las casas, calles, iglesia y plaza iban a quedar cubiertas de agua, en lo que hoy conocemos como el rebalse, vaso del embalse.

El amable compañero de viaje me narró un episodio que vivió su abuelo en el camino real, en una ocasión que habían llevado en una carreta él y tres amigos algunas cosas a Satevó y traído de allá otras, y al acampar a un costado de la rúa de aquel tiempo, prendieron su fogata para calentar alimentos, dormir y salir muy temprano a San Lucas, pues ya venían de regreso.

Alrededor de las 3 de la mañana escucharon un trote de cascos de caballo, se les hizo raro, no era temporada de viajes a Santa Fe u otros lugares rumbo al norte o al sur.

El primero que se sentó donde dormía vio que se acercaba una diligencia, con dos lámparas delanteras prendidas que alumbraban a un conductor que manejaba cuatro caballos con el látigo, sus compañeros, dos que dormían en el suelo y otro sobre la carreta también como él, se levantaron extrañados por el ruido que producían los caballos y el armatoste de cuatro ruedas.

El resplandor que seguía a aquel transporte, tal vez porque también atrás traía dos lámparas más, alarmó a estas personas, que miraban atónitos el espectáculo, a la distancia de 100 metros vieron también que de los lados del camino salían hombres de a caballo que…

Continuará



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