Si alguien parece tener un café intravenoso y un mapa de todas las puertas de la ciudad, ese es Esteban Grajeola. Su aspiración a una diputación local es tan secreta como un chisme de tianguis: todos lo saben. Desde el amanecer, anda en desayunos con empresarios, cafés con maestros y charlas con el círculo rojo. A mediodía, resuelve pendientes en la oficina con energía de sobra. Por la tarde, lo ves en las colonias, armando rifas, bingos y bailando cumbia con las doñitas, que lo miran con ojitos de “este sí sabe”.
Grajeola corre la carrera al 2027 como maratón, no sprint. Maneja los tiempos como DJ en quinceañera, subiendo el volumen en el momento justo. Dentro del PAN, mueve hilos con precisión, pero no está solo. Mabeto Mata y Mariano Jáquez también pelean su lugar, cada uno con su estilo. Es como Survivor: todos buscan la inmunidad, pero pocos llegarán a la final.
El panorama es turbio como café de olla. ¿Seguirá el PAN con el PRI en esa alianza de conveniencia o cada quien por su lado? Nadie lo sabe, pero Grajeola no afloja. Su estrategia es estar en todas partes, con todos, siempre. Pero en este maratón, el aguante lo es todo, y no todos tienen el fuelle.
Desde que Ricardo Orviz ganó por estrecho margen la diputación local frente a Jaime Beltrán del Río, quien obtuvo una curul por prelación o como mejor perdedor, no se ha dado el caso de que un candidato a diputado gane y el aspirante a presidente del mismo partido pierda. Así pasó con Héctor Baeza frente a Mario Mata. Apuntes para la historia, furia de Manuel Gándara y Samaniego.
Que la visita sabatina de la presidenta a la Sierra Tarahumara pase a la historia como una mucho más productiva que las cientos de giras realizadas por tantos presidentes, sin dejar algo memorable para sus habitantes, ya sean chabochis, tarahumaras, tepehuanes o los pocos huarojíos que quedan. A la luz de los miserables resultados obtenidos por todas las administraciones anteriores, no tendrían que ir a la sierra para aplicar algo efectivo. Bastaría con que visitaran uno de los asentamientos indígenas en Chihuahua, Aldama, Parral o cualquier otro lugar para que se dieran cuenta de la miseria que se vive en las alturas de los bosques. Pero no, siempre optan por la foto hipócrita y la demagogia de siempre. Cada vez que escribo sobre este tema, me enciendo.
En la sesión de ayer de la Comisión de Estudios Históricos, donde se entregaron diplomas de agradecimiento a quienes colaboraron en la remodelación del kiosco de la Plaza Principal, Jimmy Ríos Velasco, uno de los generosos aportantes, se emocionó tanto que cantó a gran voz unos versos del himno a Delicias que interpretó en ese mismo kiosco a los ocho años, es decir, 72 abriles después. Los historiadores aprovecharon para invitar a la mesa directiva de los locatarios del Mercado Juárez a sumarse a su siguiente proyecto: dotar de una bandera nacional al histórico centro comercial para que ondee en lo alto de su cúpula. Los locatarios se sumaron con entusiasmo. Toques de nacionalismo.
Esa foto de los historiadores locales en el kiosco de la Plaza Principal, junto a la cuadrilla de trabajadores municipales que realizaron el trabajo, es, en verdad, histórica. Lo habitual es que los artesanos trabajen y queden en el olvido. No fue el caso de este monumento tan mencionado: en la foto se les ve brindando con los autores intelectuales. Eso es trabajar en equipo.
