Hilo Diario



HAY INSTITUCIONES QUE CUMPLEN años y hacen fiesta.

Y hay otras que aprovechan el aniversario para enseñar, con números, qué han hecho durante cuatro décadas.

Ese parece ser el caso del Tecnológico de Delicias, que llega a sus 40 años con una semana de actividades que poco tiene que ver con la clásica fotografía, pastel y discurso de aniversario.

Hoy, a las 10 de la mañana, se realizará la ceremonia oficial en el gimnasio de la institución, aunque los festejos ya comenzaron y se extenderán hasta el próximo 26 de septiembre.

Conferencias, talleres, concursos, actividades deportivas y un foro con egresados que hoy están metidos en la industria forman parte del programa.

Hay temas bastante actuales: el doctor Iván Rodríguez Montoya hablará sobre el Gran Telescopio Milimétrico; también habrá conferencias sobre ciberdelitos empresariales, ingeniería de tránsito y los principios de calidad de Deming.

Los estudiantes tendrán además talleres de Lean Manufacturing, elaboración de currículum y preparación para entrevistas, finanzas personales y desarrollo de hábitos.

Pero entre todo ese programa hay un dato que quizá dice más que cualquier discurso: 2 mil 724 estudiantes.

Esa es la matrícula registrada para agosto-diciembre de 2026 y representa el nivel más alto del periodo mostrado.

Ahí está la verdadera celebración.

Porque después de 40 años, una institución educativa no se mide solamente por los edificios que tiene o por las generaciones que han pasado por sus aulas.

Se mide por las que siguen llegando.

El Tec cumple cuatro décadas, sí.

Pero más que celebrar el pasado, está matriculando el futuro.

Enhorabuena a directivos, docentes y estudiantes.

LA VISITA DE CLAUDIA SHEINBAUM A CIUDAD JUÁREZ dejó, además del informe presidencial y la parafernalia propia de una gira, un pequeño instrumento de medición política que en Morena parece estar tomando especial importancia: el aplausómetro.

Primero entró Andrea Chávez a la Plaza de la Mexicanidad y recibió gritos de apoyo.

Después apareció Cruz Pérez Cuéllar y también escuchó porras.

Hasta ahí, nada extraordinario.

Cada grupo lleva a su gente, ocupa su espacio y procura que el suyo se escuche más fuerte que el del vecino.

Pero ahí empieza lo interesante.

Porque los dos principales nombres que se disputan la pomposamente llamada Coordinación Estatal de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación —la senadora con licencia y el alcalde con licencia— ya están siendo medidos, al menos en el imaginario de los propios morenistas, con la intensidad de un partido de futbol.

Quién llevó más gente. Quién recibió más porras. Quién tuvo más fotografías. Quién estuvo más cerca. Quién fue mencionado. Quién no.

El problema es que el aplausómetro tiene una peculiaridad: mide entusiasmo, no decisiones.

Y hasta ahora no existe una fecha pública definitiva para anunciar quién encabezará la coordinación estatal.

Eso permite toda clase de lecturas.

Para unos, la demora significa que todavía no hay decisión.

Para otros, que la decisión existe, pero se está administrando el momento.

Y también está la posibilidad más sencilla: que todavía estén negociando.

La visita presidencial, desde luego, pudo haber dejado señales.

Aunque en política las señales tienen una curiosa costumbre: a veces se mandan precisamente para que cada grupo las interprete como le conviene.

Lo cierto es que ahora viene la parte difícil para Morena.

Acomodar egos, estructuras, expectativas y, sobre todo, explicarles a los que no resulten elegidos que el aplausómetro no era una encuesta.

Porque cuando llegue el humo blanco, alguien tendrá que explicar por qué ganó el silencio de una oficina y no el ruido de una plaza.

PERO NO CREA QUE LOS TÉS DE TILA se están consumiendo únicamente del lado guinda.

También del lado blanquiazul, aquí en Delicias, ya empiezan a necesitar una tetera completa.

Y es que los tiempos para conocer los nombres de quienes encabezarán las coordinaciones municipales siguen alargando el suspenso.

Según los que conocen las entrañas del PAN, las definiciones ya estarían prácticamente tomadas.

El problema es que una cosa es que los operadores sepan quién va y otra muy distinta que el partido lo haga oficial.

Mientras no exista anuncio formal, todos siguen siendo aspirantes, aunque algunos ya tengan la maleta hecha.

Y ahí es donde aparece la vieja tradición partidista: nadie confirma, nadie desmiente y todos dicen que “hay que esperar los tiempos”.

Así que ya se la sabe.

Palomitas, refresco y paciencia.

Porque mientras Morena mide aplausos y el PAN administra silencios, los aspirantes siguen mirando el teléfono esperando esa llamada que puede cambiarles el próximo año.



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