
De la comunidad donde todos se conocían, cuando se daba la bienvenida a los que iban llegando, aquel lugar conocido como Las Delicias primero, y un gran letrero en la primera estación del tren lo anunciaba, hoy ya no queda mucho, solo los recuerdos.
La edificación de nuevas plazas comerciales, las grandes tiendas de autoservicio y la llegada de empresas de marca, han modificado el entorno que algunos que andamos aún acá arriba y muchos de los que ahora descansan disfrutamos.
La tienda de la esquina o a media cuadra, con su singular a olor a todo, y a donde nos mandaban a comprar alguna cosa que mamá necesitaba en la cocina, o los cigarros que papá requería para saborear con un café al caer la tarde.
Las reuniones de las señoras en las banquetas después de haber dado de cenar y lavado la vajilla, con la idea de aprovechar el vientecillo fresco y ponerse al día en los chismes del pequeño poblado, del sector o del barrio.
Casas de adobe con paja, techos altos para evitar el calor del mediodía, puertas y ventanas de madera, componían el poblado que era Delicias, tiempos en que el primer panteón quedaba lejos de la mancha urbana y que hoy está en medio, había avenidas y calles franqueadas por álamos, con puentes de madera para pasar de un lado a otro de los canales que atraviesan la ciudad.
Las lluvias eran copiosas, no había pavimento que levantara calor que corriera las nubes, los aguaceros, decían los viejos, eran muy tupidos en corto tiempo o el chipi-chipi que duraba dos o tres días, hoy las cosas son diferentes hasta en eso, el llamado cambio climático, que nos es otra cosa más que el daño que hemos hecho a la naturaleza, sufrimos sequías que duran años, afectando nuestro cotidiano vivir, se pierden empleos, se encarecen los alimentos y trastornan muchas actividades.
Nos queda el tesoro de los recuerdos, se lo debemos platicar a nuestros hijos o nietos, que antes se salía a jugar sobre la tierra, a bañarse en los canales, a hacer un círculo a media calle, sacar las canicas y los trompos y atesorarlos.
Quienes tienen la dicha de tener a sus abuelos en casa, disfruten sus anécdotas, son experiencias de ver nacer una ciudad como la nuestra.
Agradezcamos lo que nos legaron, no fue fácil…
Que pase usted un maravilloso domingo.
