
PUES RESULTA QUE EN JULIMES ya no hay internet. Y no por una falla técnica ni por alguno de esos caprichos que suelen tener los proveedores del servicio, sino porque alguien, con premeditación y alevosía, decidió que la fibra óptica que comunica a la cabecera municipal y a varias comunidades le estorbaba… y la vandalizó.
Así, nomas.
La zona quedó prácticamente incomunicada durante varios días, sin detenidos, sin sospechosos y, hasta ahora, sin una explicación oficial que termine de convencer.
Y no es un asunto menor.
En las comunidades rurales quedarse sin internet ya no significa únicamente no poder ver el partido o revisar el grupo de WhatsApp de la familia. Significa no poder hacer trámites, perder comunicación para una emergencia, suspender consultas médicas a distancia o dejar incompletas actividades escolares y laborales.
La conectividad dejó hace mucho de ser un lujo para convertirse en infraestructura básica. Por eso, dañar una red de fibra óptica debería tratarse con la misma seriedad que destruir una línea eléctrica o una tubería de agua potable.
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BUENO, AHORA QUE ESTÁ TAN DE MODA cambiarle el nombre a las cosas, como llamar «suspensión de flujo» a un apagón, o «arrastre de material» a un drenaje colapsado, ahora apareció otro término elegante: «reorientación de las becas».
Traducido al español de todos los días: habrá menos beneficiarios.
Eso ocurre con Jóvenes Construyendo el Futuro, programa que en sus primeros años, allá por 2018 y 2019, llegó a superar los mil 500 becarios en esta región, mientras que actualmente apenas ronda los 300 y, por lo visto, sin perspectivas de recuperar aquellos niveles.
La explicación oficial es que los recursos ahora se dirigirán a municipios con mayores índices de marginación o incidencia delictiva.
No es un recorte… es una «reorientación».
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Y A LOS TEMAS PENDIENTES EN VIALIDAD, hay que agregar otro dato poco alentador. La Calzada del Charro ya acumula 15 accidentes en lo que va del año, la mayoría de ellos por alcance, aunque en algunos participaron hasta tres vehículos.
El problema cobra mayor dimensión si se considera que esa misma vialidad desemboca en dos de los puntos más conflictivos de Delicias: el crucero del Teatro de la Ciudad y la incorporación al Paso Inferior, mejor conocido como el Puente Suprimido.
Tres focos rojos prácticamente conectados entre sí.
Lo curioso es que esa realidad parece ser visible para todos… menos para la Subdirección de Vialidad.
No hay señalética suficiente, la vigilancia sigue siendo esporádica y las soluciones continúan archivadas en algún estudio que, por lo visto, todavía no concluye.
El lector recordará que el crucero del Teatro ya rebasó los ocho accidentes documentados, mientras que el Paso Inferior también suma lo suyo.
¿Cuántos choques necesita una vialidad para que se considere que merece un semáforo, reductores de velocidad, señalización o, cuando menos, una patrulla?
Ármese de paciencia.
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BUENO, ALGO ES ALGO. Como decían aquellos viejos memorándums: «ante la imposibilidad de hacerlo personalmente…», así apareció el diputado federal Tony Meléndez, quien desde algún punto de Estados Unidos —seguramente cumpliendo compromisos musicales con Primavera— inauguró, vía telefónica, los juegos deportivos del Sutsemude.
Saludó a los participantes, les deseó éxito en el torneo, dio por inauguradas las competencias… y colgó.
Que quede claro: siempre será mejor una llamada que un silencio absoluto.
Sin embargo, dicen los grillos de café que la política también requiere presencia física. Porque una llamada acerca la voz, pero difícilmente sustituye el contacto con la gente.
Y es que el también integrante de los llamados Defensores de México ya acumulaba cerca de un año sin aparecer públicamente por la región.
La gestión de la llamada corrió a cargo del dirigente sindical **Roque Soltero**, quien, de paso, intenta apagar los rumores de quienes ya lo ubican más cerca de Morena que del PRI.
En política, hasta una llamada telefónica termina teniendo varias lecturas.