La imagen que comenzó a circular este jueves no pasó desapercibida: en la misma mesa coincidieron Marco Quezada, Miguel La Torre, Miguel Riggs y Hugo González, una combinación que, por sí sola, encendió alertas dentro de Morena.
Pero más allá de la reunión, hubo un detalle que llamó poderosamente la atención: los colmilludos que estaban en la mesa decidieron colocar al centro de la foto a Sahir Rentería… ¿en calidad de qué? Pregunta que, por cierto, nadie ha podido responder con claridad.
Y es que el ruido no vino por la imagen, sino por el fondo. Versiones que circularon tras la reunión señalan que en la mesa se cuestionó abiertamente a la dirigencia estatal, bajo el argumento de que “no están trabajando” y que hay quienes están haciendo la labor de juntar a los actores.
En otras palabras: un desafío directo a Brighite Granados, justo antes del Consejo Estatal del domingo. Y eso, en política interna, ya se lee como intento de golpeteo.
El problema no es solo lo que se dijo… sino quién lo está operando. Dentro de Morena cada vez son más los que voltean a ver a Sahir Rentería, a quien ubican como un personaje que viene de otros circuitos, con relaciones bien conocidas en el panismo local y con cercanías que no son precisamente nuevas.
De hecho, hay quienes lo identifican como un operador impulsado desde fuera del partido, con padrinazgos que pasan más por los reflectores que por la militancia. Un perfil que se mueve entre cámaras, foros empresariales y mesas políticas, siempre cerca del poder… sin importar el color.
En el sector empresarial, donde presume influencia, tampoco genera unanimidad. Más de uno lo describe como un interlocutor poco sólido, con discurso cambiante y más habilidad para aparecer que para construir.
Por eso, su incursión en Morena no se está leyendo como participación genuina, sino como una jugada para meter mano en la vida interna del partido. Algunos incluso lo definen sin rodeos: un intento de caballo de Troya en la antesala de decisiones clave.
Mientras tanto, también se comenta que ya anda tocando otras puertas, vendiendo escenarios y ofreciendo “puentes”, como si su proyecto fuera más personal que político.
Porque en política nadie llega solo… y mucho menos cuando lo empujan desde afuera.
Y si algo dejó claro ese desayuno… es que en Morena ya detectaron que no todos los que se sientan a la mesa juegan para el mismo equipo… aunque los pongan al centro de la foto.


