
TRAS LOS FESTEJOS NAVIDEÑOS, los abrazos de ocasión y los brindis que prometían un “ahora sí”, llegó el momento menos romántico del calendario: abrir el baúl de los asuntos pendientes y hacerse cargo.
Porque el año arranca sin ponche, sin villancicos y con una lista larga de problemas que no se resolvieron solos, aunque algunos juraran que sí.
Los agricultores, por ejemplo, regresan al ruedo con la Ley de Aguas Nacionales bajo el brazo. Desde Palacio Nacional insisten —con sonrisa y coreografía incluida— que la reforma no afecta a nadie, que todo es exageración y que “esas son puras mentiras”.
Pero en el terreno, lejos del micrófono, la historia es otra: vendrán revisiones, ajustes y, para el que no esté en regla, el mensaje es claro y sin matices: gracias por participar. Concesiones en la mira y nervios de punta en el campo.
Los empresarios tampoco arrancan el año con confeti. La carga tributaria sigue apretando, las facilidades para cumplir obligaciones son cada vez más escasas y la economía no da tregua.
Aún así, se les exige mantener empleos, invertir y ser solidarios, porque al final del día son el motor económico… y también el respaldo silencioso de muchos programas sociales.
Hacer empresa en México ya no es reto: es resistencia.
El ciudadano común, ese que no sale en boletines, enfrenta su propia cuesta: regreso a clases, alza en la canasta básica, servicios más caros y el cobro puntual de impuestos de todo tipo y color.
Y mientras tanto, los partidos políticos afinan el oído y la calculadora. Este año no es electoral, pero sí definitorio.
El PAN Y EL PRI deberán decidir si continúan en su relación de conveniencia —llámese alianza o amasiato— o si se animan a recordar que alguna vez fueron adversarios.
Morena, por su parte, enfrenta su dilema favorito: abrirle la puerta a los “neos” o cerrar filas con la vieja guardia que ya conoce el sistema… y sus atajos.
De los demás partidos – léase Verde, PT, etc.- con que respiren y no desaparezcan del registro, se dan por bien servidos.
Así que más vale que la resaca del fin de año se quite pronto. Porque el 2026 no viene ligero. Viene cargado.
OIGA, en ecos todavía frescos de la carrera San Silvestre, que por cierto tuvo buena organización y mejor ánimo, vale la pena hacer un breve pase de lista de los que decidieron cambiar el café político por los tenis deportivos. Y no, no todos fueron a tomarse la foto: varios sí le entraron al reto completo.
Primero el dato que no es menor: otro chihuahuense, ahora originario de Ciudad Juárez, fue quien se impuso a los siempre temibles kenianos, demostrando que en esta tierra no solo se corre la grilla, también se corre rápido… y bien.
En el recorrido se dejó ver al coordinador de los regidores del PAN en el estado, Mario Alberto Mata Licón, quien mostró que trae condición física suficiente para algo más que las caminatas políticas. Buen paso, buen ritmo y sin pedir oxígeno prestado.
También se apuntó el director de la Junta Central de Agua y Saneamiento, Mario Mata Carrasco, quien optó por la modalidad recreativa de 4 kilómetros. Sin prisas, pero sin pausas, con buena dinámica y sin hacer olas.
En el rubro de seguridad, llamó la atención la presencia del director de Seguridad Pública de Delicias, Víctor Hugo Soto, recién desempacado de Rosales, quien no llegó solo: lo acompañó el subdirector de Vialidad, Erick Rodríguez.
Ambos completaron la ruta, lo cual no está de más subrayar, porque una cosa es dirigir el tráfico y otra muy distinta aguantar el trote.
Apunte también al buen Pablo Dizan, quien cumplió con el recorrido completo, sin atajos ni pretextos.
Así que, entre cronómetros, sudor y aplausos, la edición 50 de la San Silvestre dejó algo más que tiempos y posiciones: dejó constancia de que algunos funcionarios también saben correr… y no precisamente cuando se trata de dar explicaciones.
Bien por ellos.
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