Rostros que incomodan al poder

Rostros que incomodan al poder

A Luisa María Alcalde le molestó que un medio de comunicación llevara a su portada los rostros de las víctimas del accidente del Tren Interoceánico. Habló de falta de empatía. Pero conviene decirlo claro: ponerle rostro a una tragedia no deshumaniza, humaniza. Lo hicieron durante años ellos mismos con los 43 Normalistas de Ayotzinapa, y entonces era válido porque servía a la causa política. Hoy incomoda porque esos rostros ya no apuntan al pasado, sino al poder en turno. Y porque detrás de cada cara hay una historia que no cabe en un boletín oficial.

Más allá del debate mediático, los datos pesan. Reportes técnicos y testimonios difundidos tras el accidente apuntan a deficiencias estructurales, uso de materiales de baja calidad, durmientes de madera deteriorados y trenes con décadas de antigüedad que ellos mismos compraron, para ser exactos, de los años 70. Nada de eso se improvisa en una semana. Eso se decide, se autoriza y se supervisa desde el gobierno. Y ahí está el verdadero problema: Morena sabe ser oposición, pero no sabe gobernar bajo escrutinio. Cuando no mandaban, todo era culpa del presidente; ahora que mandan, nadie tiene la culpa, salvo los medios, la derecha o el pasado.

Si no hay responsables claros, si quienes construyeron, autorizaron y supervisaron siguen intactos, el mensaje es brutal: el poder se protege a sí mismo. Y eso, en política, se paga caro y en las urnas. Porque las tragedias no se borran atacando portadas, y las víctimas no desaparecen llamándolas “números”. Gobernar también es asumir costos, y hasta ahora, en Morena, nadie quiere pagarlos.