
VALE LA PENA TOMAR NOTA de un tema que, aunque suena técnico, trae implicaciones políticas de fondo rumbo al 2027: la propuesta para que los regidores ya no lleguen por arrastre de planilla, sino por voto directo de la ciudadanía en sus demarcaciones.
Al menos en el PRI y en Morena, dicen los que estuvieron en la charla fina, la idea cayó bien. Y no es para menos. En el papel, la reforma obliga a que quienes aspiren a un asiento en el Cabildo hagan lo que durante años evitaron: caminar su territorio, dar la cara y pedir el voto sin colgarse del candidato a alcalde.
Del PAN no me pregunte porqué el líder David Gallegos no respondió la llamada telefónica de El Diario de Delicias, tal vez sigue en los festejos post navideños.
Pero bueno, volviendo al tema, dicen los que saben que con esta reforma, al menos en teoría, la figura del regidor desconocido que nadie sabe de dónde salió, pero que llegó gracias a acuerdos internos, cuotas partidistas o favores acumulados. Ahora cada quien tendría que defender su nombre y su apellido ante los vecinos de su zona.
Eso sí, donde la reforma parece acomodarse mejor es en Morena. Y no por casualidad. El partido guinda ya trae ventaja organizativa al haber puesto en marcha la elección de mesas directivas seccionales en prácticamente todo el país. En Delicias, para dimensionar el dato, hablamos de 110 secciones ya estructuradas, con responsables, listas y trabajo territorial previo.
Mientras en otros partidos apenas empiezan a discutir cómo dividir el mapa, Morena ya lo recorrió. Saben quién vive dónde, quién participa y quién solo observa. Y en una elección de regidores por demarcación, eso pesa.
En el PAN, la lectura es más política que operativa: el cambio ayuda a oxigenar perfiles y a evitar que el Cabildo se convierta en una extensión automática del alcalde en turno. Suena bien. Habrá que ver si lo sostienen cuando toque repartir candidaturas.
La reforma aún tiene pasos legales pendientes, pero el mensaje ya está sobre la mesa: en 2027, el que quiera ser regidor tendrá que sudar la camiseta. Además de un sinfín de pormenores para ponerla en marcha, y todavía deberá pasar por el cedazo del Congreso.
Porque ahora sí, el voto no vendrá incluido en el paquete, sino que deberán ganárselo a pulso.
YA QUE ANDAMOS EN TERRENOS POLÍTICOS Y ELECTORALES, vale la pena detenerse un momento en la nueva jugada contra la reforma hídrica, mejor conocida como la Ley de Aguas Nacionales, aprobada recientemente pese a bloqueos, tractorazos y mentadas de progenitora, impublicables.
La punta de lanza, otra vez, es el senador panista Mario Vázquez Robles. Ahora la estrategia cambió de la carretera al juzgado. El legislador puso a disposición de productores, comunidades indígenas y ciudadanos en general formatos gratuitos para promover amparos contra la entrada en vigor de la reforma.
Según lo difundido en sus redes, la intención es clara: que quien se sienta agraviado tenga herramientas para defender sus derechos y, de paso, su patrimonio. En el discurso, suena bien. Legal, institucional y hasta pedagógico.
La idea es buena, del político panista, nomas que se le olvida un pequeño gran detalle: el escenario donde se pretende librar la batalla legal, la Suprema Corte y buena parte de los juzgados federales tienen color guinda, muy guinda. Y la Ley de Aguas Nacionales, también nació y se aprobó bajo el manto del mismo color.
Así que no se sorprenda si los amparos avanzan lento, se acumulan o simplemente terminan en el archivo de los intentos. No sería la primera vez que una estrategia jurídica choca con la realidad política del Poder Judicial.
Eso no invalida la jugada del senador. Al contrario: le permite capitalizar el descontento, colocarse como acompañante del reclamo y mantener viva la inconformidad por la vía legal.
Recordemos que en política, a veces no se trata de ganar el juicio, sino de quedar registrado en el expediente.
Por ahora, el mensaje está enviado: hay formatos, hay firmas y hay discurso. Lo que falta saber es si habrá sentencias.
Como siempre, el tiempo será el que ponga el sello final. Y en este tema, el tiempo —y el color— cuentan más de lo que se dice en los boletines.
Tiempo al tiempo.