
La rickettsiosis mantiene su huella en Chihuahua. Hasta el 3 de noviembre, la Secretaría de Salud del Estado (SSE) registra 95 casos confirmados y 44 defunciones por esta enfermedad transmitida por la mordedura de garrapata infectada. Son ocho casos más que el año pasado, cuando a la misma fecha fueron 87 contagios y 46 fallecimientos, lo que representa un aumento del 9.2 por ciento. La capital concentra más de la mitad de los casos: 47 contagios y 27 muertes.
El resto está distribuido entre Ciudad Juárez, con 38 casos y 15 defunciones; Meoqui con seis contagios y un fallecimiento; Delicias con tres casos y dos muertes; y Ascensión con un caso confirmado. Los grupos de edad más afectados son los menores de 5 a 14 años, con 34 casos, seguidos de los adultos entre 25 y 44 años con 21 y los de 45 a 64 con 16. Entre los fallecidos, los decesos se reparten de forma casi idéntica entre niños y adultos jóvenes: once en cada uno de los grupos de 5 a 14 y 25 a 44 años.
En entrevista previa, el infectólogo infantil Moisés Ramírez López explicó que el problema principal no está en la enfermedad, sino en la detección. “Si el diagnóstico y el tratamiento es oportuno, la mortalidad debería ser casi cero”, asegura. Los primeros síntomas son inespecíficos: fiebre, dolor de cabeza, malestar general, incluso molestias abdominales. Solo después aparecen las manchas en la piel, cuando el daño en los vasos sanguíneos ya ha comenzado.
“El paciente llega con fiebre y nadie pregunta si hay garrapatas en casa. En Chihuahua, Sonora o Nuevo León, eso debería ser obligatorio. Si el médico no lo piensa, no lo diagnostica”, apunta. La bacteria Rickettsia rickettsii es trasmitida por garrapatas infectadas, cuyos huevecillos heredan el microorganismo. En zonas endémicas, señala el especialista, prácticamente todos los pacientes mordidos por una garrapata resultan positivos.
Ramírez López detalla que la clave está en el tiempo. Los primeros cinco días son decisivos: si administran doxiciclina, la letalidad es reducida a cero. Pero después de ese periodo, cuando el paciente entra en un cuadro de sepsis, la mortalidad puede alcanzar el 100 por ciento. “El tratamiento oral funciona si es detectada a tiempo; cuando ya hay complicaciones, requieren la presentación intravenosa, pero en México ya no es fabricada”, explica.
El calor, dijo, agrava la situación. Es temporada de apareamiento de garrapatas y con ello aumenta su población. “Chihuahua es un estado endémico. Las garrapatas adaptaron a nuestros ecosistemas del norte. Coahuila, Nuevo León, Sonora, Baja California, todos compartimos el mismo problema”.
Aunque la enfermedad es prevenible, el especialista considera que la sensibilización debe ser permanente, no estacional. “No es un asunto solo de autoridades. La comunidad debe hacerse responsable de mantener limpios sus espacios, fumigar y proteger a sus mascotas. Si hay garrapatas cerca, el riesgo está ahí”.
En los hospitales, dice, sigue siendo necesario reforzar la educación médica. “A los médicos generales les llegan los cuadros más ambiguos. Si no preguntan por exposición a garrapatas, difícilmente lo sospecharán”. Y aunque cada año hay más casos, destaca un cambio alentador: hay menos letalidad. “Eso significa que la sensibilidad ha aumentado. Los médicos y la población piensan más en rickettsia. Falta mucho, pero vamos en el camino correcto”.
La bacteria no distingue edades. Afecta a niños, jóvenes y adultos, y deja secuelas devastadoras. En los casos graves, el daño vascular puede causar necrosis y pérdida de extremidades. “Es una enfermedad muy cruel”, reconoce Ramírez López. “Pero si sospechan a tiempo, todos los pacientes pueden sobrevivir”.
