
Irma Hernández fue maestra jubilada y luego taxista. No pagó la extorsión del crimen organizado y apareció asesinada en Álamo, Veracruz. Antes la obligaron a grabar un video, rodeada de sicarios armados, pidiendo a sus compañeros que sí pagaran “la cuota”. Lo hizo con miedo, sabiendo que la estaban condenando. La mataron y nadie se indignó. No hubo minuto de silencio en el Senado, ni en la Cámara de Diputados, ni una palabra de la presidenta. Para ella no hubo trending topic. Porque los muertos no votan.
La misma semana en que asesinan a Irma, miles de mujeres se lanzan indignadas contra el futbolista “Chicharito” por un video donde dice una frase estúpida sobre las mujeres. Lluvia de comunicados, foros, análisis, denuncias. Pero por Irma… silencio absoluto. ¿Dónde están esas voces cuando una mujer es obligada a humillarse en video antes de ser ejecutada? ¿La indignación también tiene clase y fama? ¿Importa más una frase en tono de broma que un asesinato brutal? ¿Eso es el nuevo feminismo institucional?
Claudia Sheinbaum dijo que “ya llegamos todas”, pero Irma no llegó. Y si llegó, fue sola, sin respaldo del Estado, sin protección, sin voz. La dejaron morir sin una palabra. Aquí no se mata por género, se mata por no pagar la cuota. Y cuando matan a una mujer pobre, trabajadora, sin reflectores, sin hashtag, nadie dice nada. Porque en México, cuando no hay votos ni likes de por medio, tampoco hay justicia.
